Ser libre, para ser un buen esclavo

La libertad tan solo es un estado pasajero para establecer una “nueva” esclavitud.

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Me estoy refiriendo a libertad como ese estado total de duda en el que uno “no es nada”, y por tanto, puede llegar a “serlo todo”. Es el estado tras la “deconstrucción” o tras la destrucción. La tábula rasa. Y nunca es perfecto, solo un ideal, puesto que solo se “cuestiona” aquello que somos capaces de ver y derrumbar. Uno puede “destruir su casa” y volver a construirsela, una y otra vez, sin cuestionar por qué es necesario tener una casa, aunque la casa cada vez sea distinta. Tampoco hay por qué idealizar el llegar hasta el “fondo”. Si destruyes demasiado puedes acabar literalmente contigo, y hay destrucciones que no tienen “vuelta de hoja”.

Ese estado de libertad, siempre conlleva dolor (pero no culpa), puesto que llegar a él siempre requiere parte de la destrucción de uno mismo. La libertad es el preludio al camino. No es elegir cosas mientras ya vamos “de camino” hacia algún lugar. Es pararse y no saber donde demonios estamos. Hemos romantizado e idealizado mil veces la libertad como distintas esclavitudes. La de los impulsos, la de las distintas morales, la de la razón, la de la dictadura de la mayoría, o la de la prevalencia del más fuerte… Y ninguna de ellas tiene nada que ver con la libertad salvo que posiblemente se llegó a ellas tras un estado de libertad transitorio. La libertad abre caminos. La determinación los cierra.

Está claro que no es posible, ni deseable, un estado total y eterno de libertad. Sería la paralisis total. El ser “todo” en potencia, pero en definitiva, “no ser” nada. Otra cosa es que sea preciso, si no queremos ser esclavos de nuestro “momento originario” (aquél en el que nuestro sentido común y nuestros valores se forjaron), poder cuestionar, y por tanto “destruir”, de dónde venimos, a dónde nos dirigimos, y por qué, en un sentido de la causalidad más amplio que lo que nuestras actuales “metas” saben decirnos, somos lo que somos. Y cada vez que uno se ve abocado a esta autodestrucción es un momento único, y lleno en parte de misterio. No sabes que es “lo nuevo” que va a salir. No se trata de construir algo con unas instrucciones. Y aunque parezca que este hablando de ello como algo voluntario en realidad estas autodestrucciones suelen ocurrir cuando nuestro actual modelo encuentra limitaciones o dificultades para avanzar. Por supuesto, cuando llega este momento, hay otras opciones muy humanas como autoengañarse, culpar a otros, “omitir” la información disonante… El ser humano es un experto en este tipo de estrategias. Hasta las propias deconstrucciones que estoy idealizando esconden a veces una “restauración” de un viejo orden, pero con una apariencia renovada.

Si esta libertad, tal y como la he expuesto, no existe en estado total en los individuos, tampoco ha existido entonces ningún “sistema” libre. Todos se abogan el derecho de decidir cuales son las preguntas importantes, y como mínimo, orientan las respuestas (cuando no las determinan). La mayoría de veces, cuando defendemos la “libertad” dentro de un sistema, lo único que hacemos es “defender” al sistema de las desviaciones que en el se dan. Voy a intentar aterrizar en algún lugar esta nave abstracta de ideas:

En el 15M por ejemplo, no se impugnó el sistema por mucho que se utilizara la palabra antisistema desde el propio sistema. No me detendré en argumentar esto pero baste que quien lea esto reflexione cuales eran las reivindicaciones generales, y si eran plausibles e imaginables, o tenían al menos cierta simpatía por parte del “stablishment” blando (medios, intelectuales, etc). Para el sistema, lo antisistema debe ser algo no imaginable, no soñable, y no nombrable. Y no por miedo, sino por “ridículo”. Por imposible. Por ser fantasía. Por no ser real. Una cosa solo propia de locos o perturbados. Por el contrario, lo que se denunció es que el sistema no cumplía con lo prometido o las expectativas que de él se tenían. Se defendió al sistema de la desviación de su “ideal”. Pero no nos salimos del esquema dado. Nos hicimos las preguntas y las respuestas con esos mismos criterios fundacionales. Hasta se volvió a poner de moda la “constitución” para demandar lo que no se cumplía (y seguimos en esas).

A raíz de esto, también llevo tiempo pensando que parece que la “magia” de los sistemas actuales es que presentan la ilusión de ser “varios en uno”. La magia del relato. Cada persona o grupo considera que de un sistema dado, se desprenden una serie de axiomas y valores incuestionables que son distintos dependiendo de a quien le preguntes. ¿Qué es la democracia? ¿Qué es España? ¿Qué es la libertad? Y “todos” tenemos la respuesta. LA RESPUESTA. Y la inverosimil elasticidad del paradigma actual hace ver factible que tras las mismas reglas cabe una regresión fascista o la socialdemocracia “de toda la vida”. ¿Qué tipo de reglas de fondo nos hemos dado para que quepan esas dos formas y coexistan en el mismo sistema? ¿Es porque nuestro “sistema” es muy “plural” o estamos dejando cosas fuera? ¿Alguno de estos dos imaginarios con los que se nos bombardea, tristemente únicos (únicos no porque no existan más, sino porque no es “posible” imaginar otros), es tan distinto en cuanto a cómo se hacen las preguntas, y como se orientan las respuestas? ¿Cabe realmente la LIBERTAD en ellos? Quizá las respuestas si tienen matices diferentes, pero las preguntas y, más importante aún, las NO preguntas o tabues, sí, en efecto, son las mismas. Tampoco voy a enumerar nada aquí. Es otro momento de reflexión…

Ya para concluir, también es posible que un sistema castigue más o menos duramente este ejercicio de libertad por parte de sus ciudadanos, y sobretodo, hay sistemas, o mejor dicho “versiones” de sistemas donde se acota muchisimo más que es aquello que se puede pensar e imaginar. Y por tanto ser un loco o un criminal es más fácil. En cuanto a los castigos no me refiero solo a castigos penales. Si bien son los más duros no son en realidad los más efectivos. El castigo cultural a la irrelevancia, la marginación, la culpa, el estigma, la autocensura, querer homologarte a tus iguales, o la falta de tiempo, por citar los que se me van ocurriendo. Y es que ahora pareciera que hacerse la pregunta ¿Dónde demonios estoy/estamos? Sea una pregunta asociada al fracaso, o como mucho, una pausa para volver a activar la maquinaria sea como sea. Es también, dicho sea de paso una pregunta que muy poca gente se puede realmente permitir, sin que la atropellen durante ese trance; lo único que importa es que funciones, que estés en camino, aunque no sepas a donde demonios te diriges.

Aún con todo, yo desde aquí, hago un llamamiento a hacer uso de esa libertad siempre que podamos, aunque la libertad sea solo ese estado pasajero para establecer una nueva y provisional esclavitud.

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1 comentario en “Ser libre, para ser un buen esclavo”

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