Algo se quema en el alma, cuando lo humano se va

“Las donaciones privadas para reconstruir Notre Dame ascienden ya a más de 700 millones”

Pareciera que solo hay dos bandos posibles para posicionarse ante este “desastre”: O lo lamentas como un desgarro en el corazón que te quema en las entrañas, algo totalmente horrible y desesperanzado y una gran desgracia para la humanidad, o eres un insensible, un intolerante, y un enemigo de la cultura. Que pena que no exista la posibilidad de sentirse un poco frío ante un hecho, que si bien es triste y una clara pérdida de patrimonio y en esencia un pedazo importante en la memoria humana y concretamente europea, en comparación con otras desgracias humanas, sobretodo aquellas que no son accidentales ni tienen causas naturales, me resulte infinitamente menos dolorosa. Quizá también estamos tan acostumbrados a que lo otro “no tiene solución”, y a que generalmente las noticias son un cúmulo de banalidades discursivas sobre lo que la gente “dice”, que cuando nos cuentan una noticia de verdad, y que (esta vez si), nos toca de cerca, se nos cae el alma a los piés.

Tampoco quiero yo aprovechar para colar un discurso fácil de “personas > edificios” y por lo tanto los que se esten lamentando por esto son personas inmorales ya que esta claro que no es incompatible “sentirlo todo”, ni el sentir tiene prioridades que haya que establecer, al menos cuando hablamos de la expresión de ese sentir (otra historia son los recursos que destinamos en función de esas prioridades). De hecho, sería tramposo decir que ante las catástrofes naturales con muertos, la gente no se moviliza “online” ni aportan dinero o recursos porque no es cierto. Pero claro, se trata siempre de “caridad”, no de revertir un orden injusto o de cuestionar las causas. Solo hay víctimas de algo devastador que llegó y arrampló con todo. Les ayudamos entonces a reconstruirlo para que cuando vuelva a haber una catástrofe volvamos a poder salvarlos. Desde una perspectiva individual la ayuda se ofrece siempre hacia aquel al que no se puede culpar de su “penosa situación”. Por supuesto la pobre catedral  de Notre Dame no tiene culpa de nada. Sin ser humana es algo fácil de lograr. Pero sí que somos capaces de culpar a países, colectivos e individuos de su “propia suerte”. Hasta la de nacer en un sitio determinado o en otro. Ea.. espera, que en este caso, la culpa también aparece, pero como autoculpa. Si, lo se. Es una situación molesta. Y tu cabeza dice ¿Y a mi que me cuentas? Yo no tengo la culpa de todo eso tampoco!. La culpa en estos casos es un puto bucle. Parece que nuestra única obsesión es dirimir quien tiene la culpa, y una vez la situamos fuera de nuestro alcance (sea en los propios afectados, o en instituciones suprahumanas megapoderosas), ya por fin dormimos tranquilos. En el caso de Notre-dame la culpa solo sirve para saber a quien hay que castigar, y no es una condición necesaria para empezar a revertir la situación.

Es una pena también, que torcer un poco el gesto cuando uno “descubre”, que el mantra de “no hay dinero” solo aparece ante ciertas cosas y situaciones, me haga parecer un demagogo. Lo malo no es destinar en tan poco tiempo y desde tantos “lugares” esa cantidad de dinero (que tampoco es “tanta” de hecho, la última subida de las pensiones en España se cifra en unos 2.600 millones de euros) a este fin contra el que no tengo ningún problema en si. Lo malo es que si “no hay dinero”, quizá habría que priorizar mejor. Si realmente los recursos fueran tan limitados y escasos y no se tratara de una mala e injusta distribución de los mismos, destinar dinero a reconstruir una catedral equivaldría a dejar de salvar gente que muere CADA DÍA en el mundo por causas evitables. (hambre, enfermedades, guerras, trata de personas, pobreza en general…)

Lo que pasa es que niego la mayor. Si esto fuera así sería un escándalo mayúsculo y no tendríamos donde meternos como seres humanos. Debe ser entonces que lo de que “no hay dinero” no es cierto. O que “el dinero”, al fin y al cabo, no es el problema cuando se trata de afrontar ciertas cosas (¿Qué coño es en realidad el dinero?). Sino quien tiene que dejar de ganar algo para que no haya tanta gente “perdiendo”. Hablamos de ganar poder, comodidades y libertad a costa de otros. Y hablamos de perder la dignidad, la seguridad  y la libertad como poco, y la vida en muchos de los casos. Quizá dentro de ser unos pringados en nuestro pequeño mundo occidental, eso que se nos dice para que nos sintamos mal de que somos unos privilegiados tiene su lógica. Pero no se trata de sentirse mal. Tampoco buscar culpables parece llevar nunca a ninguna conclusión que lleve a ninguna acción. Pero el simple hecho de ir adquiriendo conciencia de que no somos el ombligo del mundo ni nos merecemos estar en el “lado bueno” por nada en especial, nos puede ayudar a adquirir cierta humildad y amplitud de miras que es básica y necesaria para que cualquier cosa pueda empezar a cambiar. Y aunque el cambio puede que sea cierto que empiece por uno mismo, nunca acaba ahí. Salgamos de esa falsa dicotomía que encierra un culto a la personalidad individualista en la que nosotros siempre se escribe con Yo. Intentemos juntarnos con otros para hacer cosas distintas en vez de afanarnos en mostrar a otros lo buenos, rectos, o especiales que somos.

Asumo mis contradicciones sin que ello empañe el objetivo denunciado en el texto.

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